martes, 4 de septiembre de 2012

Revolution and sweet emotions.-



Decisiones, planes, cambios hormonales, físicos, aceptación, resignación, nuevas miradas. Me siento Sandro cantando “Tengo un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones que te puedo regalar.” Por momentos, quiero volver a ser como era antes pero me doy cuenta que ya no voy a volver a ser la misma. Quizás se hayan exacerbado rasgos de mi personalidad o dejé salir al monstruo interior pero ya nada será igual. Hoy al que me entiende lo valoro más, al que se preocupa por nuestro bienestar también, todavía hay muchos que no me decepcionaron sino que se ganaron un mejor lugar y le ladro más al santo de mi marido. (Eso claramente va a tener que cambiar porque no se lo merece, en primer lugar, y un día voy a encontrar el placard vacío, en segundo). No puedo evitar decir lo que quiero o lo que pienso (todavía no me da tanto con los desconocidos) y el filtro necesita un recambio urgente, pero con esto de la traba a las importaciones no encuentro ningún repuesto efectivo. También tengo ganas de abrazar y apretarle los cachetes a mi bebé pero que lo sepan unos pocos. Tengo ganas de que sea varón y cantar juntos una canción de rock sosteniendo guitarras imaginarias. O que sea nena y que nos hagamos las malas y nos saquemos fotos divertidas al mejor estilo look minita histérica. Tengo ganas de asados con amigos, mates, pañales y juguetes. Quiero que crezca rápido para jugar porque como dije cuando nació mi hermano “Este nene no hace nada, mamá, no juega conmigo como me dijiste.” Así de literal era a los 3 y así lo sigo siendo a los 27. Tengo ganas de ser mamá full time pero el sentido del deber, el futuro y la economía no lo permiten. Igual sé que en un futuro será mejor para todos. Pero no quiero trabajar todo lo que trabajo ahora. Un poquito menos, sólo eso pido. Tengo ganas de sacarme esa puta costumbre (y ahí, pasamos a Cacho “Por esa puta costumbre”) de gritar en vez de pedir. Y de tantas cosas más, que definitivamente harán que Ismael me pueda cantar “Ya nada es lo que era” (Qué musical estoy hoy, carajo!) pero para bien.

Verdad nº3: Un hijo te cambia la vida para siempre. (Ya comentaré sobre los pos comentarios de esta bendita frase, por ahora así sin interpretaciones más que las mías.)

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