lunes, 3 de septiembre de 2012

El embarazómetro



La verdad si tuviera que definir qué se siente estar embarazada hoy en la post modernidad, 2012, con algunos pronósticos del fin del mundo, diría que es una mezcla de sensaciones. No entro en ninguna de las definiciones o experiencias escuchadas hasta el momento. Me siento bastante alien para ser honesta. Siempre me resultaron difíciles las etiquetas. Esas preguntas como qué música escuchás, de qué palo sos, conservadora o zurda, jamás me resultaron fáciles de responder. No era ni de aquí, ni de allá. Loco, para una persona que maneja su vida emocional en extremos. Pero, bueno, se ve que para el resto de mi vida siempre fui bastante equilibrada. En fin, para mí el embarazo está siendo un estado físico confuso y de permanente adaptación, con un deseo incontrolable de ser yo en su máxima expresión y mentalmente desgastante porque mi psiquis escucha a mi cuerpo y a mi deseo pero al afuera parece no importarle. A ellos parece que les gusta que me maneje en los extremos. Hay un movimiento que aboga por escuchar al cuerpo para tener una vida más sana. Hermoso en teoría pero cuando llega el momento de ponerlo en práctica al servicio de salud, a las empresas, les importa un comino el estado de alerta que detectes en tu cuerpo. O sea, que en definitiva, escuchar a mi cuerpo me hace ver el principio de la hecatombe pero mucho no se puede hacer. Y con el embarazo, esto es como la paradoja de las paradojas. Te sentís mal, pero ninguna guardia, ningún médico domiciliario te dice “Flaca, si te sentís así, quedate en tu casa”. Si no hay fiebre, salí con 3º. Quedate tranqui que en ese momento, te doy un par de días. Igual, ya te aviso, fumatelá  porque no podés tomar nada.  Quedó clarísimo que el embarazo no es sinónimo de enfermedad. Ya entendí que puedo tener vida normal. Ahora, si me siento mal, ¿tengo que llegar a estar en riesgo yo o mi bebé para que alguien me escuche?¿ No es suficiente lo que me pasa?¿ Acaso no lo dice el dicho “Mejor prevenir que curar”?  Pero, bueno, yo creo que en parte las mujeres y su movimiento “las mujeres lo podemos todo” tienen responsabilidad en esto que nos pasa. O al menos, en lo que a mí me pasa. Calculo que no debo ser la única o eso espero. Hola, mujeres, que algunas se sientan espléndidas y enérgicas no significa que las demás seamos ñoñas. Dejemos de cagarnos entre nosotras y seamos más solidarias. Me incluyo por haber abierto la boca sin saber de lo que hablaba. 

En fin, mentira nº1: El embarazo es el mejor estado de la mujer. 

Unico sí, lo de “mejor estado” depende del cuerpo de cada uno. Al mío los cambios lo superan, así que su mejor estado es cuando hay calma y está todo bajo control.
 No es el caso.

Mentira nº 2: El embarazo trae privilegios. 

No. La gente se pelea para evitar darme el asiento, en mi trabajo me miran dudoso y comentan por lo bajo (no lo vi, pero ni falta que hace), me hablan por conveniencia algunos.

Verdad nº 1: La revolución hormonal te cambia el estado de ánimo.

 100% realidad brutal.

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