viernes, 16 de agosto de 2013

Nuestras primeras separaciones.-

Como les conté en la entrada anterior, ya comencé a trabajar. La verdad las dos primeras semanas estuvieron muy bien. Volvía a casa con energías renovadas a pesar del cansancio y todo lo que quedaba por hacer: ocuparse del gordo, jugar con él, preparar la cena, el almuerzo para el trabajo, atender algún llamado, hacer compras y la lista nunca termina. Sin embargo, lo hago con placer. Como nunca me había sentido. Porque sé que llego y está ahí para dejarse llenar de mimos y besos, y sentir su calor, la suavidad de sus manos, sus gritos ensordecedores para llamar la atención.
Pero esta semana fue la más dificil de todas. El domingo hubo elecciones nacionales y me tocó ser presidente de mesa. Nunca había estado 12 horas sin él. Mi marido vino un ratito a la mañana y me agarró de sorpresa. Lo ví al gordo y se me hizo un nudo en la garganta. Quería dejar todo y abrazarlo. No pude así que ví como se iban y seguí con mis tareas. A mitad de la tarde le di la teta. Y después lo ví recién a la noche. La jornada pasó rápido. Por suerte no tuve tiempo para pensar ni extrañar. Pero ya el martes no podía más. Quería quedarme en casa con él. Sentía que se me desgarraba el corazón. Sabía que ese día iba a tener su primer almuerzo y yo no iba a estar. Me aguanté, me comí los codos, me guardé las lágrimas y seguí adelante. Luchaba para darle la dosis justa de mimos y atención y no quebrar su rutina.  Quería que duerma con nosotros, no aguantaba más. Pero me hice fuerte y no lo hice. Pasó el martes. El miércoles me empezé a sentir muy congestionada y finalmente, el jueves me levanté con angina. Creo que ahí se me derrumbaron todas las fuerzas. Mi marido me sugirió llevarlo a lo de mi suegra para que no se contagie. Pero les juro que no podía. Sabía que debía evitar el contacto pero aunque sea quería escucharlo. Solté todas esas lágrimas y esa angustia que tenía guardadas, y me concentré en ponerme bien. Todavía trato de no estar muy cerca de él y sigo los consejos del pediatra. Pero esas sonrisas me ayudaron, un montón.
Estas separaciones me matan. Sin embargo, me di cuenta de lo fuerte que puedo ser también y de cuánto amor siento por él. Ahora sólo me queda curarme por completo para llenarle esos cachetones de besos.
Les dejo una foto de los cachetones así pueden entender mi debilidad por ellos :)


sábado, 3 de agosto de 2013

Vuelta al trabajo y nuevos horizontes.-

Después de 6 maravillosos meses junto a mi pequeño, volví al trabajo. Todo un cambio, un nuevo orden, más adaptaciones. Cuando creíamos tener todo bajo control y ahora que Chiquitín ya no es tan chiquitín y pudimos tener un respiro, vuelta al ruedo! Debo admitir que afortunadamente todo salió mejor de lo que esperaba. No sé si salió mejor porque tuve un par de novedades desalentadoras respecto al sueldo y tuve una situación complicada con un alumno, pero así y todo me sentí mejor de lo que esperaba. Extrañé pero me la banqué. Me involucré emocionalmente pero no dejé (hasta el momento) que la locura cotidiana me arrastrara. Pude manejar bastante bien mi TOC hogareño (aunque admito que mi madre y mi suegra han metido mano en el asunto jaja). A decir verdad, fue un buen comienzo. Fue un empezar de nuevo desde otro lugar, reconociendo mis limitaciones y responsabilidades, viendo a mis alumnos desde otra cara del prisma, más paciente, sabiendo que no puedo cambiar el mundo, recordándome que no debo ser fatalista e intentando no ahogarme en un vaso de agua, tratando de no abarcar más de lo que puedo y pensando que en casa está esperándome lo más importante que tengo en esta vida: mi familia. Me entristece un poco que todavía no me reciba con una fiesta y que mi ausencia parezca pasar desapercibida para él, pero a la vez me alegra y me alivia saber que él está feliz, que no lo estoy criando para que dependa de mí. Al mismo tiempo, sé que se viene un cambio para el próximo año. Seguramente cambie de trabajo para estar más cerca y no tener que andar pidiendo que me lo cuiden. Para mí es muy difícil dejar ese lugar donde me formé, donde crecí y me di todos los tropezones posibles pero que también me dio mucha satisfacción. Paradójicamente mis compañeras más cercanas están en un proceso parecido y eso hace menos duro el camino.
Mucha tela para cortar, mucho movimiento, mucho cierre. Como dijo una amiga estos pequeños le dan un nuevo significado a la palabra caos. Es el caos más hermoso de mi vida...

jueves, 18 de julio de 2013

Aprendiendo sin parar.-

Cuando escribo el título de esta entrada, lo primero que se me viene a la mente es todo lo que mi nene está aprendiendo. Es una esponja. Cada día nos sorprendemos de todo lo que hace este chiquitito. Sin embargo, la que más está teniendo que aprender soy yo. Cuando pienso que todo está bajo control, sale algo nuevo y a adaptarse de nuevo. Y no saben lo que me cuesta! Hoy me di cuenta o me hicieron dar cuenta mejor dicho que hay algunas premisas que no debo olvidar ante cada nuevo día:

-No hay que dar nada por sentado. Lo que hasta ayer funcionaba, hoy puede dejar de hacerlo. Ese videito que lo atrapaba probablemente ya haya dejado de gustarle. La flexibilidad ante todo. (Mi ser estructurado la está pasando muy mal.)

-Cada vez que se duerma y te sientes en la compu o agarres un libro, antes DESCONECTA EL TELÉFONO. Es infalible, parece que estuviera en un reality y cuando me dedico dos minutos a hacer algo para mí, escucho la músiquita del inalámbrico.

-Los chicos son una caja de sorpresas. Los planes siempre son en condicional.

-No todo tiene una razón. Cuando mi hijo cambia de conducta, me agarra una desesperación en la que entramos en una crisis conjunta. Quizás es sólo un mal día o se viene algún cambio.

- Y lo más importante, aunque nos sorprendamos de sus proezas y habilidades, todavía es un bebé de 6 meses que apenas tiene conciencia de sí mismo y como puede se comunica. Muchas veces ni él sabe lo que desea o lo que le pasa.

Aunque parezca una pavada, todas estas cosas juntas día a día por momentos, son agobiantes. Lo bueno es mantener el eje, no corrernos del camino e ir adaptándonos a sus necesidades.

Buen fin de semana y gracias por leerme!

viernes, 5 de julio de 2013

Coming back!

Y aquí estoy, nuevamente!!! No sé cuánto hace que no escribo...puff. Meses, seguro! Tenía abandonado este espacio que tanto bien me hizo durante mi embarazo. Entre los quehaceres de la casa, mi Chiquitín, mis intentos superfluos por tratar de leer una saga (a mí sola se me ocurre!!!), un poco de estudio para cuando vuelva a trabajar, las visitas, mi marido, la adaptación, la teta, los pañales y la mar en coche, de un día para otro dejé de escribir. Y en parte también porque me siento tan llena, tan feliz, tan completa que pocas eran las cosas que se me ocurrían para relatar. Y generalmente mis relatos son quejas. Este fue mi espacio de catarsis ante mi revolución hormonal durante 9 meses. Y me sentí perdida, sin nada que contar. No sabía o, mejor dicho, no sé muy bien cómo poner en palabras tanta felicidad junta. Demás está decir que tomarme un momento para mí no sólo se complica por el nene sino porque me cuesta permitirmelo también. 
Sin embargo, estaba tratando de dormir la siesta con mi gordo y mi marido, que está de vacaciones (Gracias, Dios!), y daba vueltas, vueltas y me dije: Sí, tengo muchas cosas que contar. Buenas, malas, divertidas. Y pensé: Es momento de hacer justicia. Debo retomar ese espacio. Y bue, aquí estoy. Sin saber muy bien qué contar o por dónde empezar, pero recuperando un espacio. Algunas de las cosas que solía hacer antes que mi pequeñín se adueñara completamente de nuestras vidas. 
El gordo ya está por cumplir 6 meses. Unos increíbles meses. Del primer mes, tengo vagos recuerdos y sensaciones. A decir verdad, no entendía nada. A mi mente vienen estas palabras: calor, cansancio, confusión. No me voy a olvidar nunca de cómo transpiré ese Enero! Y de todas las veces que transportamos el colchón al comedor para aprovechar el aire acondicionado. Pero todo se fue poniendo más lindo a partir del segundo mes. Ya estaba más acomodada, un poquito más aliviada. Aunque los cólicos de mi bebé eran un problema, ya tenia más idea de qué hacer con esa bolita que tenía entre mis brazos. En el tercer mes, tiré la toalla y pedí ayuda a mi madre y a mi suegra (dos divinas totales). Me había resistido, quería hacer todo sola (los que me leen de antes saben lo testaruda que puedo ser), pero despertarme cada 3 horas hacía tres meses, me estaba aniquilando. Pero bueno, necesitaba demostrarme a mí misma que podía. Debo reconocer que fue un alivio, comenzé a disfrutar más del gordo y de mi marido también. Esas visitas semanales fueron no sólo una ayuda sino una compañía inmensa. Las esperaba no sólo para que poder ocuparme de otras cosas sino para charlar, para compartir un mate, dudas, una palabra de aliento, un mimo. Dos grosas a las que mi hijo ama profundamente. Y a partir de ahí también empezaron las morisquetas del gordo, las fotos a mi marido con las hazañas logradas. Las visitas con otros bebés de su edad. También tengo a mi lado a mi amiga que tuvo a su nena con unos días de diferencia. Hasta hace una semana teníamos un día en la semana en el que nos juntábamos con los peques e intercambiabamos experiencias. Y así profundizé un lazo, encontré una par con la cual compartir experiencias, dudas, culpas, risas. Y así llegó el cuarto mes, en un abrir y cerrar de ojos. Comprando ropa, acondicionando la casa, sacando al nene de nuestra habitación, empezando a dormir 5 horas de corrido, retomando fútbol. Volví a jugar en Ferro Fem y así encontramos con mi marido una actividad que nos une. Son un grupo de personas maravillosas y mi marido un genio enseñándome tácticas, buscándome videos. Muy divertido todo. Soy un queso pero la paso genial. Y acá estamos cursando el quinto mes, preparándome para volver a trabajar en tres semanas y a dos semanas de arrancar con la comida. Va a ser duro volver pero como siempre nos vamos a ir adaptando.
Y en pocas palabras, eso es todo. Cambio tras cambio, bellos momentos por doquier, dudas también.
Prometo volver prontito.-

martes, 12 de febrero de 2013

Chau Carnaval, Hola Maldita semana.-

Hoy mi post no es muy florido que digamos. De color tiene gris. No es que haya pasado nada malo, pero yo me siento así. 
Después de estar cuatro días juntos los tres por el feriado de Carnaval, mi marido vuelve al trabajo y arranca una temporada de tres semanas en las que va a estar fuera de casa por catorce horas. Tiene que cubrir un puesto y el horario es de 6 a 18. En dinero nos beneficia, claramente. Son horas extras que económicamente nos viene bien. Sin embargo, estos cuatro días se fueron volando en visitas, pañales, sueño, limpieza y charlas. Si yo estoy así, no me quiero imaginar lo que siente él. Amo esta familia que armamos. Me hacen tan feliz! Todo el tiempo que pueda pasar con ellos me parece poco o insuficiente. Espero el fin de semana con desesperación para poder estar juntos y disfrutar de nuestra familia. 
No es que no pueda sola o que nadie me ayude con Pirulino. Pero me cuesta no estar los tres juntos. Mi marido es una pieza fundamental en esta familia. Nos protege, me enseña, me hace fuerte y siempre está al pie del cañòn para ayudar en lo que sea.Soñamos juntos, volamos alto aunque haya algùn tropezón. Me gustaría ser tan fuerte como él. Pero hago lo mejor que puedo!

A respirar hondo y adelante :)

sábado, 9 de febrero de 2013

El dilema de la teta.-

Pirulino ya tiene 20 días. Los 20 días más hermosos, agotadores, felices y agitados de mi vida. Pasó de todo. Un camión pasó. Un camión cargado de emociones, decisiones, aprendizajes y felicidad. Hasta ahora nunca nada ni nadie había logrado desenroscarme de mi maremoto de pensamientos y preocupaciones diarias (yo sé que mi marido debe pensar que eso no cambio, pero yo creo que sí, carajo!). Sin embargo, él logra que el cansancio, el agotamiento y mis enojos se desvanezcan por completo cuando se refleja paz y tranquilidad en su carita cada vez que duerme o nos regala una sonrisa. Siento que hasta ahora me hice problema por tantas pavadas! Tener un hijo me dio paz mental. Sí, aunque llore por momentos, sienta culpa o crea que no rindo todo lo mejor que podría rendir. Lo único que turba mi paz mental es la teta. La bendita y alabada teta.
Como siempre me pasa, voy contra la corriente y me pasa todo lo contrario de lo que dicen los libros. En uno de ellos leí lo siguiente: "Amamantar brinda sensación de relajación, debido al efecto de la hormona Prolactina segregada durante la lactancia." Que los autores me disculpen pero amamantar me hizo descubrir la poca paciencia que tengo y que ya no nos regimos por horarios convencionales, sino por "horarios teta". Nunca pensé que dar la teta fuera tan desgastante. Este chico no sòlo succiona leche, me chupa energía con cada toma. Convengamos que toma cada dos horas y algunas veces está tendiendo a tomar cada tres o cuatro horas. Como me dijo una compañera de trabajo, para los varones la teta es una ensalada, mientras que la leche comprada es un bife con fritas. Y tiene razón. Por suerte de noche toma cada tres ahora porque ya no daba más! 
Lo más confuso de todo este asunto de la teta y el provechito (el provechito es mi pesadilla) es cada cuánto y por cuánto tiempo. Algunos dicen a libre demanda (en mi caso, cada hora y media ponele), otros me dicen que subió mucho de peso así que cada tres. Después algunos doctores dicen que la teta tarda en llenarse nuevamente una hora y media y otros aseguran que siempre hay. La verdad me volví loca y como acá es verano, es dificilísimo conseguir un pediatra de cabecera porque todos están de vacaciones y los que no se fueron, están atestados de gente. Después, me dieron una dieta para producir más y mejor leche. Una dieta que imagino puede hacer Angelina Jolie con su séquito de criadas acunando al niño, limpiando la casa, haciendo las compras:
-Tomar 4 lts de líquido por día.
-Tomar granola dos veces al día.
- 4 comidas diarias y misma cantidad de colaciones.
-Ingerir levadura de cerveza.
- (Esta es mi preferida) Dormir una siesta entre las 20hs y 21 hs.
Lo intenté, pero me fue imposible acordarme de todo y a la vez, hacerme cargo de la casa y de Pirulino. Por ende, fui probando, intenté armarle una rutina, lo dejo como máximo 20 minutos en cada teta y parece que va resultando. Ya no regurgita tanto y le cuesta menos hacer provechito (mi hijo NO eructaba y menos cuando quedaba frito después de la toma). 
Por lo tanto, la leche materna es saludable, rica y tiene el equilibrio justo de nutrientes. Es lo mejor. Y es reconfortante saber que tu "producción" alimenta tan bien a tu hijo. Ahora...a mí no me relaja (soy inquieta) y el culto a la teta me pone un poco nerviosa cuando viene de aquellos que nunca amamantaron. Y sí! Tengo derecho a quejarme también, no? Aunque elija amamantar. Las tetas chorrean, duelen, arden y ni te cuento a la noche cuando estás dormida!
Peeeeero... saben qué? Todo este bendito dilema de la teta se esfuma en un segundo cuando lo veo sonreìr, llenito y con el orgullo de saber que el esfuerzo rindió sus frutos.

No se vayan sin comentar!