jueves, 27 de septiembre de 2012

De ojos achinados y otras yerbas.-



Ojitos achinados. Esa es la mejor palabra que define el estado de esta semana. La cara se me va poniendo cada día más redondona, y con el pelo corto y mi sonrisa Odol, quedo toda achinadita. Y quedo exactamente igual cuando Morfeo me pide que me rinda entre sus brazos, o sea, cuando me muero de sueño. Hoy, por suerte, pude tomarme la tarde para mí, porque los dos días previos estaba destruida, con mucho trabajo y mucho zen para abordar quejas, problemas, planteos. Estoy menos comprensiva, pero más tolerante. Suena confuso y no sé si está bien expresado. Pero sería algo así: No me nace ser tan complaciente como antes, pero me irrito menos (o al menos trato). Trato de entender, bajar mi enojo, pero no dejo de defender mi postura. Es complicada toda esta vuelta que le doy porque de hecho, no está directamente relacionado con el embarazo, sino con mi personalidad. Y quizás yo misma me esté tratando de plantear o ver qué forma va tomando esto que yo tomo como cambio. No sé si es un cambio pero por ahora parece eso. Entre tantos cambios, es difícil discernir! De hecho, ya no sé si tengo miedos de madre primeriza, me volví hipocondríaca o soy una persona de la media. Cada cambio fisiológico lo consulto o voy a la guardia obstétrica (tampoco crean que vivo ahí adentro eh!). Sin embargo, así me siento más segura, sin caer en la exageración. Por el momento, mi bebé está haciendo espacio y presiento que va a ser muy buen@ jugando al fútbol. Estamos todos ansiosos por saber el sexo, y como no se dejo ver, todos los pronósticos apuntan a nena. Mis alumnos me dan comida para el bebé y eso me mata de amor. Vienen, me besan la panza y la verdad, me encanta.
Espero encontrarnos en el Miércoles Mudo, blogueras! Para los que no saben de qué se trata, espero poder mostrarles pronto…

sábado, 22 de septiembre de 2012

Si tener una nena, aumenta tu ira en el embarazo; yo tengo a las trillizas de oro.-

Esa fue a la conclusión a la que llegué con una amiga luego de una conversación telefónica de una hora en la que ella sintió (así lo definió) que "un perro me estaba ladrando del otro lado del aparato" (excelente descripción, dicho sea de paso). Y sí, amigos y amigas, esta semana fue una montaña rusa de emociones. Mi humor se transformaba radicalmente después de las 5 de la tarde, hora en la que mi mente dejaba de estar ocupada con actividades escolares y niños correteando. Aunque el trabajo seguía en casa (escolar y hogareño), volvía a mi realidad embarazosa en la que todo o nada puede desatar una hecatombe. Quería irme lejos, al mar. No me aguantaba ni yo. Barría la casa a las once y media de la noche, limpiaba el baño a las dos de la mañana, chequeaba las redes sociales cada dos minutos (como si contara contracciones, no sé), le contestaba mal a todo el mundo o acotaba las respuestas a monosílabos (pobres mis padres, no lograron hablar conmigo más de 10 minutos esta semana). Razones para irritarme tenía, de sobra. El problema es que estaba ácida y no podía controlar mis emociones. No podía salir de ese estado emocional. Ni las técnicas de respiración de Sri Ravi Shankar ni mandalas ni contar ovejas podían con mi histeria. Por suerte controlaba mis respuestas. Creo que si decía lo que realmente pensaba lo que pasaba por mi cabeza en ese momento, terminaba con un chaleco de fuerza, o separada, o desocupada, o forever alone. Sólo hubo Pero buenouna persona que pudo disolver el dilema y fue una taxista. 

Situación.-
Volvía del trabajo. A casa. Ya había desistido de ir a la Terminal a sacarme un pasaje a la costa. Había caminado diez cuadras para tomarme el colectivo vacío, pero justo lo vi pasar y me lo tomé. Lleno. Pero bueno, al menos había hecho algo de ejercicio, ponele. Acá en Argentina comenzó la primavera y con ella las alergias y como si no bastara con todos los cambios que tengo, también la alergia comenzó a batallar mi cuerpo. Por ende, tenía los labio hinchados y cada vez me ahogaba más adentro del bondi. Así que decidí bajarme llegando a la 9 de Julio y tomarme un taxi. Tan caro no me iba a salir. Me tocó una mujer al volante, raro, hasta ahora nunca me había pasado salvo en otros países. Le dije hasta dónde iba y empezamos a intercambiar comentarios sobre el clima (típico). Y en eso me agarraron unas ganas irrefrenables de preguntarle a la mujer sobre su embarazo, sentía que había una voz de la experiencia que necesitaba escuchar. Y ahí fui.
Yo: Disculpe, estoy haciendo tipo una encuesta, ¿usted estaba de muy mal humor cuando estaba embrazada?
T: Mmm, no. Vos, sí?
Yo: Sí, mucho. Quería comprobar si era la única.
T: Ah, no, pará. Ahora que me acuerdo una vez me encerré en el baño de la bronca que tenía porque había discutido con mi marido. Sí, ahora que me acuerdo estaba más sensible, más irritable.
Yo: Ah? Así es estar irritable cuando estás embarazada?
T: Y sí. Yo confesé cosas después de haber parido porque en ese momento, me daba vergüenza decirlas. Como por ejemplo, que no sentía al bebé.
Yo: A mí me costó aceptar el embarazo. No me levanté un día y dije "Soy madre".
T: NOOOOOOOOOOO! Yo, al no sentirlo, me veía con una panza enorme pero no caía que estaba embarazada. Y ni te digo mi marido. Sólo lo entendí cuando el obstetra me dijo que ellos no tomaban conciencia del embarazo hasta que el bebé nacía. 
Yo: Ah bueno, me quedo más tranquila. 
T: No, sí. Tenele paciencia. Tienen altibajos durante el embarazo. Y compartí. No quieras hacer todo vos sola. Dejalo que él haga. 
Yo: Sí, es verdad.

Llegué a casa. Me había ido a comprar la merienda. Me acosté y esperé que viniera. Lo ví y aunque el enojo seguía (porque yo tenía razón!), lo amé más que nunca. Necesitaba de su calidez, de sus caricias en la frente. Mis hormonas volvieron a su lugar. Dormimos, hablamos, nos abrazamos. Jugamos con el bebé.

Sé que la ira volverá en cualquier momento y por cualquier pavada, con él o con quien se atreva a toparse en mi camino. Pero también sé que siempre él está ahí, sosteniendo, acompañando. Amándonos. 

Gracias :)

martes, 18 de septiembre de 2012

Viejas pasiones.-


Así defino mi vuelta. Llena de ocurrencias, mimos, dudas y besos en la panza. Como siempre digo educar no es sólo dar una materia. Para ser docente realmente se necesita la vocación de enseñar valores, mimar, dar herramientas, paciencia (aunque a veces no sobra) más allá de los contenidos.

"Si vos tenés mocos, tu bebé tiene mocos también?" :)

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cerrando y abriendo puertas.-


El lunes vuelvo al trabajo. Uf! Cuantas sensaciones encontradas! Entre enojos, desaires, memorias, nostalgia, esperanzas se me hace difícil definir esta vuelta. Por un lado, me siento mal conmigo misma por no tener las mismas ganas. Después de todo es la profesión que elegí y la que me ha hecho emocionar hasta las lágrimas (no llore cuando me casé para que se hagan una idea de lo piedra que puedo ser!). Pero con ellos es diferente. Son como hijos prestados por un año. Y con esa misma pasión de los padres, educo. A veces con más pilas, otras refunfuñando, otras con latidos en el pecho. Sé que ese amor, esa pasión está. Quizás hoy escondida o en un segundo lugar. Quiero creer que está. Que solo está empañada por disgustos, decepciones o la frustración por no haber sido escuchada cuando era necesario. O por caer en la cuenta que mis utopías habían llegado a su fin.  Por quedar entre burocracia y "quedar bien". Puede que también me cueste dividirme. Porque ahora tengo dos profesiones, dos pasiones.  Por otro lado, necesito un cambio. Un cambio de aire. Ver otra realidad. Empezar de nuevo. En otro lugar. Quiero quedarme con los buenos recuerdos. Dicen que las mujeres hacen el duelo un año antes de cortar con alguien. Yo creo que ya me empiezo a despedir...

jueves, 13 de septiembre de 2012

Mi panza no es el Km 0 de Madrid, ni mi hijo el niño Jesús.-

Acuerdo Nº 1: Llegamos a un trato con mi madre por el cual a partir de ahora desterramos la tan cuestionada frase "El embarazo es el mejor estado de la mujer" y la sustituimos por esta: "El embarazo es el estado único e irrepetible de cada mujer". Esto incluye a todos los embarazos (porque el primero, no es igual al segundo, etc) y a todos los estados anímicos, psicológicos y físicos de cada mujer. Todos contentos :)

Anteayer sentí los primeros movimientos de mi bebé. Fantásticos, alucinante. El poder de la naturaleza superó toda racionalidad posible. Imposible aplicarle una lógica a ese sentimiento. Terminé hablando como si me entendiera (es científicamente imposible que entienda las palabras ahora, pero si reconoce el tono de voz de los padres, según mis averiguaciones) y ahora quiero comer chocolate todo el tiempo para que se mueva (entre el fiambre y los dulces, me va a salir un gordito feliz). También sentí que era un momento tan privado que no quería que nadie más que nosotros tres lo supiera. Generalmente suelo exponer, compartir mi vida sin problemas, sin miedo. Pero esta vez fue distinto. Tuve esa sensación de "Esto es mío. Go away!". Calculo que será el instinto protector de madre que me pega a mí de esa manera. O tal vez, tenga que ver con mi personalidad, no lo sé. Tampoco lo asocié al momento del nacimiento. Es como que una vez que saliera y ya hiciera sus monerías, me suena lógico que todos quieran verlo y tocarlo. Pero ahora no. Todavía no. En un momento tuve la sensación de ser un muñecote en exposición para que todos toquen, le pregunten, lo llenen de sus emociones. Y a la noche, encontré algo que me vino al pelo. En un sitio de internet, venden un producto con el que te podés hacer un molde 3D de tu panza y podés decorarlo, la gente puede firmar en él, le podés poner adornos (alguien pensará en ponerle piercings a los pezones?). Juro, chicas, perdonenmé, pero me parece demasiado. No quiero un molde de mi panza y mis tetas para el living comedor. Saquenmé fotos. Eso me parece divino, menos invasivo.

No dudo de las buenas intenciones de la gente y de la ansiedad que genera la llegada de un bebé. Es hermoso compartirlo. Sin embargo, creo que tanta exposición no es necesaria. O no todos la queremos igual. Me parece que está bueno respetar el tiempo de los papás. Es un momento taaaaaan íntimo, tan único (valga la redundancia). Esperen a que los papás cuenten, denle tiempo. Traten de no llenarnos de preguntas que no sabemos cómo responder. No pregunten en la semana 12 si se siente el bebé porque una se asusta si pasan las semanas y nada. Lo sé, parezco re ortiva pero nosotros también estamos llenos de ansiedad y de preguntas. Sabemos lo mismo que ustedes y vamos viendo día a día lo que es porque justamente es único e irrepetible. Antes de tocarme, acuerdensé que tengo un espacio personal (Para más información, buscar cerebro reptiliano y delimitación territorial. No es broma, hablo en serio) y puedo sentirme invadida, como no. Y tratemos de no juzgar a los que tienen otros tiempos porque no soy mejor mamá si me hago un molde 3D o si pongo la ecografía de perfil en las redes sociales. Amo a mi hij@ igual y es lo que más deseo en el mundo. Me cuesta enfocarme en otro proyecto o en otras actividades (suelo dedicarme 100%) porque quiero estar todo el tiempo tocandomé la panza y muero porque nazca para agarrarlo fuerte y decirle cuánto lo amo. Sin embargo, tengo que controlar la ansiedad y mi rutina sigue igual. Porque estar todo el tiempo pendiente y transmitirle ansiedad también le hace mal al bebé, según los expertos. Cada una encuentra el equilibrio como puede, no?

Creo que cuando termine mi embarazo, me recibo de malabarista ;)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Las tragedias.-

Hace unos días que pareciera que las tragedias están ahí al alcance de la mano. Algunas impersonales, otras muy de cerca. Todo parece indicar que cuando menos te lo esperes, te podés levantar y te puede tocar a vos. Ahí vienen las frases tales como "Uno tiene que disfrutar porque no sabés qué te puede pasar mañana", "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy", "Con estas cosas uno se da cuenta que se preocupa por boludeces", etc, etc. Frases que quedan para ese momento porque después cada uno sigue con las banalidades de la propia vida. En un capìtulo de Doctor House (espero ver todas las temporadas antes que nazca el crío!), un médico rehace unos análisis y le dice a su paciente que en realidad fue un falso positivo. El paciente, que había vendido su casa, tenía pasajes para Venecia y había tenido tres fiestas de despedida, quería demandar al médico por haberle quitado la felicidad al enterarse del diagnóstico correcto, ya que esos tres meses habían sido los tres mejores de su vida porque se animó a hacer lo que quiso sin culpa. En fin, creo que sólo unos pocos y quienes saben aprender del dolor, pueden llegar a aplicar estas frases completamente verdaderas, pero hechas. Y me empecé a preguntar qué haría si me pasara algo similar. Pienso en las palabras de aliento y en el acompañamiento que suelo dar a mis amigos, conocidos en situaciones como estas y calculo que no me alcanzaría. A veces me preguntan y "qué le digo con esto que me está contando?" Y... Mucho no se puede decir, pero sí se puede acompañar, estar ahí para lo que el otro necesite (aunque lo que el otro necesite no sea lo que más nos guste o no estemos de acuerdo). Ante el dolor y ante los finales inevitables, las asperezas quedan atrás, o por lo menos se intenta. Si pienso en mí, hay tragedias que no puedo imaginarlas porque no podría estar entera para afrontarlas porque son partes fundamentales de mi vida. Y hay otras que las imagino saliendo como un tigre, sacando fuerzas de donde no tengo para levantar a esas personas. También pienso en las cosas que pueden salir mal (ya sabemos que soy fatalista) y puedo preveer y trato de prepararme. Vaya uno a saber si sirve, no? Quizás el embarazo me hace pensar más en estas cosas. Saber que una lleva una vida adentro y que una es su único resguardo en este momento. Creo que esas cosas también te hacen más fuerte, más consciente. E inevitablemente, en los tiempos que corren, prepararnos para todo. Para que no sólo las tragedias propias nos enseñen sino también aprender de las ajenas.

viernes, 7 de septiembre de 2012

El día no.-

No tengo ganas de hacer nada. No me aguanto. No me gusta ponerme así. No me gusta la lluvia. No soporto no saber lo que me pasa. No sé cómo ponerle más colores a estos días meteorológicamente grises. No quiero lavar la acelga que compré. No quiero que se pudra. No sé qué hacer, no sé qué sentir. No quiero estar sola hoy. No aguanto mi compañía. No sé que hacer para levantar el día. No quiero ponerme mal porque eso afecta a mi bebé según los científicos. No tengo ganas de volver, no tengo ganas de quedarme así. No quiero proyectar porque de sólo pensar de cruzar la puerta de calle y entrar en ese mundo de nuevo me ataco. No creo que sea para tanto. No creo que no pueda controlarlo. No creo que no me divierta, no creo que no lo vaya a disfrutar. No aguanto esta ciclotimia.

Wake me up when September ends..