lunes, 3 de septiembre de 2012

De colores y propuestas.-



De colores y propuestas.-

Definitivamente ayer fue un día negro, gris, nublado. Como el chico escondido en la cueva que aguarda los movimientos del lobo para saber si escapar o atacar (no sé cómo llegué a esta imagen de la película 300, mi mente ya no pide permiso para conectar y a veces la flashea groso, será otro síntoma del embarazo o me estaré dando con drogas duras como dice un amigo mío?). Había arrancado esperanzada, con ilusiones, pero bueno, se fue todo al demonio y sucedieron cosas que no esperaba. Y hoy creo que descubrí que justamente era eso lo que me angustiaba, lo que me indignaba. Cuando empezamos a buscar un hijo con mi marido, yo me preparé de todas las formas posibles contemplando lo bueno y lo malo del asunto. Quería controlar mi ansiedad, mantenerme fría, calma. Incluso tenía proyectos que sabía que podían caducar pero no quería empezar a programar sobre algo que todavía no existía. Por eso, jugué al fútbol (de defensora! Para mi profesora de Educación Físca que me creía una inútil: Toma, puta!) sin saber que estaba embarazada y me compré todo el equipo sabiendo que en el próximo mes quizás tendría que largar todo.  Ya antes de buscar pensaba en la posibilidad de adoptar si al final de cuentas, no podía quedar embarazada. (Sí, gente, me voy a la mierda). Pero, bueno, sentía que era mejor prevenir que curar. Tengo esa costumbre de adelantarme y preparar el terreno para posibles bombas, estruendos. La vida me dio esa herramienta que muchas veces, no me sirve de nada pero me hace sentir más segura. Cuando nos enteramos que estaba embarazada, me costó caer y darle rienda suelta a mis sentimientos (buenos, claramente, los malos estaban a flor de piel). Estaba como a la defensiva y no me quería involucrar mucho con las cursilerías, debo admitirlo. Todo el mundo me hablaba de cosas maravillosas y yo frenaba, atacaba, arrancaba, frenaba de nuevo. Y quise empezar a creer que era verdad lo que me decían que iba a sentir: “todos te van a cuidar”, “te vas a sentir más enérgica”, “te va a chupar todo un huevo” (esa parte casi que es cierta, te digo). Pero cuando vinieron los malos momentos, nunca pensé que alguien iba a dudar de mi palabra, que me iba a sentir como desamparada en medio de tantas leyes, palabrerío, libros y sitios de internet que nada hablaban de la situación en la que se encuentran las mujeres que tienen problemas o tropiezos normales en su embarazo. Y a ver, NO ME ESTOY VICTIMIZANDO! Porque eso, es lo primero que tienden a pensar muchos que leen estas cosas. Estoy hablando de una realidad. Así como está la realidad de la mujer que está 100 % óptima, hay otra que está en un 70%. Y debe haber otras que “se hacen”. Entiendo el problema que puede generar en una empresa o institución, por eso debería haber una ley o herramienta para que ambas partes salgan beneficiadas. Porque las mujeres no somos iguales que los hombres y en lo diferente, está el gusto y la complementariedad. Y no me hagan hablar de los derechos de los hombres, que me van a hacer poner del culo de nuevo! Así como hay hombres que se rascan, existen hombres que quieren ayudar pero le dan 2 malditos días.
En fin, ya descubrí mi frustración y como en todo lo que hago, estoy apasionada con todo el universo femenino, feminista, machista y embarazoso. Y hoy tengo ganas de descubrir nuevos colores, como antes. De dejar el gris para otros momentos, salir a encontrar rojos, verdes, violetas, naranjas, y sentir a mi bebé (cuando quiera, este pibit@ salió jodid@ como la madre). Escuchar a Jorge Drexler y poner manos a la obra. Abrir las ventanas, sacar el polvo, fregar, amasar (gente, esto es literal, amo limpiar).

Verdad nº2: No hay nada más lindo que sentir las vibraciones de tu bebé nadando en tu panza.

La indignación: Una batalla perdida para la Agaromba.-


Hace muchos años en un famoso programa humorístico (en ese entonces, ahora es un show de vedetongas), había un sketch de un personaje que se llamaba Fernandito que se tomaba una pastilla llamada Agaromba y de esa manera todo le importaba nada. Él decía: “Me tomo un Agaromba y todo me chupa un huevo!” Hoy creo que traté de instalar esa frase en mi cabeza para resetear mi cerebro, pero la indignación es un fuerte combatiente y no se rinde. Y la odio porque me pongo muy monotemática y soy completamente consciente que parezco uno de esos discos de pasta rayados de antaño. Lo más gracioso es que mi audiencia de turno me mira azorada y atónita como si estuviera escuchando que el disco se trabo y no saben qué hacer para detenerlo. Ni siquiera intentan que siga andando. Debo confesar que visto en el tiempo cuando me “destrabo”, lo recuerdo y me resulta muy gracioso. Retomando, me quedó clarísimo que hay cosas a las que tengo que poner en orden de prioridad y que debo defender mis derechos y cómo me siento, pero cuando me tratan de mentirosa y me acusan de cosas que en la vida me darían los ovarios para hacer, me indigno. Y cómo! Ahí me di cuenta que involucrarme sentimentalmente con mi lugar de trabajo  fue un error. Que nunca debería haber sido LA prioridad.
Yo tengo la conciencia tranquila. Ellos sabrán que es lo que hacen. 

Lección nº1: Lo importante es lo que pasa de las puertas de mi casa para adentro, en mi familia, con mis amigos. El resto que se arregle.


El embarazómetro



La verdad si tuviera que definir qué se siente estar embarazada hoy en la post modernidad, 2012, con algunos pronósticos del fin del mundo, diría que es una mezcla de sensaciones. No entro en ninguna de las definiciones o experiencias escuchadas hasta el momento. Me siento bastante alien para ser honesta. Siempre me resultaron difíciles las etiquetas. Esas preguntas como qué música escuchás, de qué palo sos, conservadora o zurda, jamás me resultaron fáciles de responder. No era ni de aquí, ni de allá. Loco, para una persona que maneja su vida emocional en extremos. Pero, bueno, se ve que para el resto de mi vida siempre fui bastante equilibrada. En fin, para mí el embarazo está siendo un estado físico confuso y de permanente adaptación, con un deseo incontrolable de ser yo en su máxima expresión y mentalmente desgastante porque mi psiquis escucha a mi cuerpo y a mi deseo pero al afuera parece no importarle. A ellos parece que les gusta que me maneje en los extremos. Hay un movimiento que aboga por escuchar al cuerpo para tener una vida más sana. Hermoso en teoría pero cuando llega el momento de ponerlo en práctica al servicio de salud, a las empresas, les importa un comino el estado de alerta que detectes en tu cuerpo. O sea, que en definitiva, escuchar a mi cuerpo me hace ver el principio de la hecatombe pero mucho no se puede hacer. Y con el embarazo, esto es como la paradoja de las paradojas. Te sentís mal, pero ninguna guardia, ningún médico domiciliario te dice “Flaca, si te sentís así, quedate en tu casa”. Si no hay fiebre, salí con 3º. Quedate tranqui que en ese momento, te doy un par de días. Igual, ya te aviso, fumatelá  porque no podés tomar nada.  Quedó clarísimo que el embarazo no es sinónimo de enfermedad. Ya entendí que puedo tener vida normal. Ahora, si me siento mal, ¿tengo que llegar a estar en riesgo yo o mi bebé para que alguien me escuche?¿ No es suficiente lo que me pasa?¿ Acaso no lo dice el dicho “Mejor prevenir que curar”?  Pero, bueno, yo creo que en parte las mujeres y su movimiento “las mujeres lo podemos todo” tienen responsabilidad en esto que nos pasa. O al menos, en lo que a mí me pasa. Calculo que no debo ser la única o eso espero. Hola, mujeres, que algunas se sientan espléndidas y enérgicas no significa que las demás seamos ñoñas. Dejemos de cagarnos entre nosotras y seamos más solidarias. Me incluyo por haber abierto la boca sin saber de lo que hablaba. 

En fin, mentira nº1: El embarazo es el mejor estado de la mujer. 

Unico sí, lo de “mejor estado” depende del cuerpo de cada uno. Al mío los cambios lo superan, así que su mejor estado es cuando hay calma y está todo bajo control.
 No es el caso.

Mentira nº 2: El embarazo trae privilegios. 

No. La gente se pelea para evitar darme el asiento, en mi trabajo me miran dudoso y comentan por lo bajo (no lo vi, pero ni falta que hace), me hablan por conveniencia algunos.

Verdad nº 1: La revolución hormonal te cambia el estado de ánimo.

 100% realidad brutal.